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Igüeña · Reino de León

El pendón de Igüeña

Un palo de hasta quince metros, cuarenta kilos de damasco de seda y un pueblo entero debajo para levantarlo. Fue bandera de guerra, luego seña del concejo, y hoy es lo que sale a la calle cuando el pueblo quiere decir aquí estamos. Igüeña tiene el suyo, y lo saca con orgullo.

Varios hombres levantan el pendón de Igüeña junto a una casa de piedra con tejado de pizarra; el paño de franjas verdes, rojas, blancas y moradas ondea contra el cielo azul.
Levantarlo entre todos. Uno tira del remo para que el viento no lo tumbe y el resto sujeta el palo hasta que el pendonero se lo encaja en el cinto. De aquí en adelante ya es cosa de una sola persona —y de sus riñones—.
Un pendonero con camiseta verde de Igüeña lleva el pendón a cuestas por una carretera, seguido de otros pendones y de gente andando, con el monte al fondo.
Andando al pueblo que toque. Los ocho pueblos del municipio bajan con su pendón a la Fiesta del Municipio, que cambia de valle cada año. Camiseta de color por pueblo, y el pendón delante.

Qué es un pendón

Una bandera que dejó de ir a la guerra y se quedó en el pueblo.

Entre los siglos XI y XIII, los pendones eran lo que se llevaba delante: la bandera que ondeaba sobre una lanza y a la que seguía la gente de cada concejo cuando el rey de León llamaba a hueste. No los llevaba un ejército profesional, los llevaban los vecinos, y por eso cada pendón era el de su pueblo y de nadie más.

Cuando dejó de haber guerra que hacer, el pendón no se guardó: cambió de oficio. Hacia el siglo XVII ya había crecido tanto que no servía para pelear, y se quedó como seña del concejo —la asamblea de vecinos que gobernaba el pueblo y repartía el monte, el agua y la vecera—. Salía a las rogativas, a las procesiones, a las romerías y a recibir a quien hubiera que recibir. Se guardaba en la iglesia o en la casa del pueblo, y salía cuando el concejo lo mandaba.

Eso es lo que sigue siendo. En abril de 2019 la Junta de Castilla y León declaró los pendones concejiles del antiguo Reino de León Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial. No se protegió una tela: se protegió la costumbre de sacarla.

Cómo es

Las cifras explican por qué hace falta medio pueblo para levantarlo.

5-15 mde palo, acanalado para quitarle peso sin quitarle fuerza
30-40 kglo que carga el pendonero, todo colgando de la cintura
hasta 10franjas horizontales de damasco de seda, cosidas con agremanes
3personas como mínimo: el pendonero y dos a los remos
El pañoDamasco de seda o terciopelo, en franjas de color rematadas con fleco de oro. Los colores van casi siempre en este orden de frecuencia: rojo carmesí —el color real leonés—, verde, azul, blanco, morado y oro. El de Igüeña lleva verde, rojo, morado, blanco y su medallón.
La cruzDe latón o bronce, en lo más alto del palo. Es lo primero que se ve asomar por encima de las casas.
Los remosLas cuerdas que salen de la punta y llevan otras personas, una a cada lado. No son adorno: son lo que impide que una racha de viento se lleve el pendón y al pendonero con él.
La pendonetaLa pequeña, la que llevan las mujeres y los niños. Va detrás en el desfile, y es por donde se empieza.
El cintoLa cincha de cuero a la cintura donde encaja el hierro del pie del palo. Todo el peso va ahí. Por eso los portadores se van turnando durante el recorrido.

Bailarlo

Lo que separa llevar un pendón de saber llevarlo.

Un pendón no se lleva y ya. Se baila: el pendonero lo inclina, lo hace girar, lo levanta y lo vuelve a enderezar —a veces trepando por el palo— delante de la iglesia, al cruzarse con otro pendón o al llegar al pueblo. Es a la vez un saludo y una demostración: quien lo baila bien, se gana el respeto. Y cuando dos pendones se encuentran y se saludan inclinándose, lo que se están saludando son dos pueblos.

Hoy se ven sobre todo en las concentraciones. En 2010 se izaron 143 pendones a la vez en la ciudad de León, récord del mundo; cada San Froilón vuelven a juntarse por decenas. Pero lo de verdad no es eso: lo de verdad es que el pendón salga en la fiesta de su pueblo, con la gente que lo tiene que sacar.

Los colores

Lo que se sabe, lo que no, y por qué nadie los eligió.

Lo primero, por honradez: no he encontrado ningún papel que diga qué significan los colores del pendón de Igüeña. Ni de este ni, en realidad, de casi ninguno: no existe un código, una tabla donde mirar qué quiere decir el verde o el morado. Quien lo sepa lo sabrá de memoria, no de un libro.

Lo que sí está documentado es esto. El rojo carmesí es el color del Reino de León, y por eso aparece en prácticamente todos los pendones: es la banda que los hermana. Después, el rojo y el verde son los más frecuentes, mientras que el blanco y el azul se asocian más al uso religioso —a las salidas con la parroquia—. El resto de la gama habitual es morado, amarillo y oro.

Y hay una cosa que explica más que cualquier simbología: los colores de un pendón no se eligen, se heredan. Cuando un pendón se restaura, la norma es respetar «la forma, el tamaño y el cromatismo original». Es decir: el paño de Igüeña lleva verde, rojo, blanco y morado porque así lo mandó hacer alguien, y desde entonces nadie ha tenido derecho a cambiarlo. Lo que representa cada franja es, a estas alturas, lo mismo que representa el pendón entero: este pueblo.

Si alguien de casa sabe de dónde salieron estos colores, o qué es el medallón de la franja morada, que me lo cuente y lo escribo aquí. Eso sí que no está en internet.

De dónde son los pendones

El mapa de los pendones es el mapa del viejo Reino de León.

No son de toda España ni mucho menos. Los pendones concejiles, tal como se entienden aquí —el palo enorme, el paño de damasco, el pueblo detrás—, se conservan en las provincias de León y Zamora, en algunos pueblos de Salamanca, en los Ancares de Lugo, en Asturias, en La Liébana (Cantabria), en la Tierra de Miranda ya en Portugal, y en menor medida en Valdeorras (Ourense).

Puesto en el mapa, ese reparto no es casualidad: es el territorio del antiguo Reino de León. Donde hubo concejos que se juntaban a decidir sobre el monte y el agua, quedó el pendón. Igüeña está dentro, en el borde de poniente, y por eso tiene el suyo.

Que no es un decir: en el desfile de pendones de San Froilán de 2024, en la ciudad de León, Igüeña figuraba en la lista —más de 370 pendones, pendonetas y estandartes de 234 localidades de la provincia—. Ahí estaba el nuestro, entre los demás.

El de Igüeña, hoy

Ocho pueblos, un valle a cada lado y un día al año para juntarse.

El municipio está partido en dos valles —el del Boeza y el del Tremor— y la gente, repartida entre ocho pueblos habitados. Desde hace más de una década hay una Fiesta del Municipio que cambia de pueblo y de valle cada año, para que antes o después le toque a todos. Los vecinos llegan con su pendón y su camiseta de color, se hace el desfile, se comen unos churrascos y una paella para seiscientos, y por la tarde hay soga, tute y rana. En 2022, en Quintana de Fuseros, se juntaron más de medio millar de personas en un municipio que pasa por poco de los mil habitantes.

Ese es el sitio del pendón ahora: delante de la gente, el día que la gente se junta. Y en las fiestas de cada pueblo, cuando toca sacarlo.

El pendón de Igüeña se mantiene vivo porque hay quien se ocupa. Lo lleva la asociación de vecinos de Igüeña, que gestiona Gerardo: suyo es el empeño de que el pendón siga saliendo, y suya también la fuerza para echárselo al cinto. El resto del año lo encontrarás detrás del mostrador de la carnicería de Igüeña. Primera calidad las dos cosas.

Pendones del Reino de León La asociación que junta a los pendones leoneses desde 2004, nacida de la romería de pendones a Santiago del Año Santo. Ahí están las concentraciones, las bases de San Froilón y hasta cómo hacer o recuperar un pendón tradicional.