Cómo se medía el término de Almagarinos antes de que hubiera mapas
Doscientos años antes del vuelo americano, unos vecinos de Almagarinos se sentaron delante de un juez y le explicaron dónde acababa su término, cómo se medía la tierra y qué daba cada palmo de ella. No usaron ni una sola coordenada. Este es el mapa que dibujaron con palabras.
Archivo General de Simancas · Respuestas Generales, libro 380, folios 142r–161r
1. Los confines
El término no se define por su superficie, sino por
con quién linda. Un pueblo por rumbo, y dos medidas de bulto. Con eso bastaba
para saber hasta dónde se pagaba el diezmo.
Los nombres son los del documento, con su grafía. El escribano dejó dibujada al margen la figura del término. Los rumbos son los que él asigna.
2. La medida de la tierra
A la pregunta novena responden con una cifra exacta: el cuartal de Almagarinos son 1.200 varas castellanas en cuadro. Es la única medida geométrica de todo el documento.
Un cuartal son unos 838 metros cuadrados. Ojo, porque la palabra sirve para dos cosas distintas: el cuartal de superficie que ves aquí y el cuartal de capacidad con que se mide el grano. En el documento aparecen los dos.
3. Las clases de tierra
Toda la tierra del término cabe en 5 clases, y las
principales se subdividen en buena, mediana e ínfima. La clasificación sigue el agua:
lo que la alcanza produce todos los años; lo que no, descansa uno de cada dos; y lo de
arriba no produce nada — salvo pasto.
Las clases y sus calidades son las del documento. El reparto en tres
alturas —el agua, la ladera y el monte— es nuestro: el escribano
las enumera seguidas, sin agruparlas.
4. Lo que rendía cada cuartal
Y aquí está el porqué de tanta clasificación. Juntando lo que
produce cada especie (pregunta 12) con lo que vale cada fruto (pregunta 14), sale la
renta anual de cada clase de tierra.
Cifras deducidas del propio documento, no tomadas de él:
multiplicando producción por precio. El centenal aparece a mitad porque «fructifica
un año y descansa otro». Donde el documento da la cosecha y el precio en unidades
que no casan, la barra falta.
5. Los molinos
La respuesta diecisiete es un pequeño callejero del agua:
4 molinos harineros, cada uno con el nombre que le daba la gente y con la
familia a la que pertenecía. Todos, o casi, en el pago de el Chano.
El orden es el del documento, no su posición real en el río: en 1753 nadie
los situó sobre un plano. Los nombres de molino son, muchas veces, nombres de paraje
que todavía se pueden buscar en el catastro de hoy.
6. El pueblo detrás de los números
Lo que las cuarenta respuestas dibujan, al final, es un retrato de
Almagarinos en 1753.
Lo que había
Cuánto
Dónde lo dice
Vecinos
40, incluidas las viudas
preg. 21
Casas habitables
98
preg. 22
Pajares
57
preg. 22
Molinos harineros
4, corrientes
preg. 17
Pies de colmenas
98, entre 8 dueños
preg. 19
Jornaleros
42
preg. 35
Artesanos
1 sastre
preg. 33
Tejedores de lienzo
34 personas, 612 varas al año
preg. 32
Clérigos
1
preg. 38
Tabernas
1
preg. 29
Pobres de solemnidad
ninguno
preg. 36
Cuartal de centeno
4 reales
preg. 14
Carro de hierba
40 reales
preg. 14
Jornal de un día
3 reales
preg. 35
Alcabalas
330 reales al año
preg. 28
Diezmo del centeno
24 cargas al año
preg. 16
Detalles que conviene saber
Treinta y cuatro vecinos de Almagarinos viven en parte de fabricar lienzo para vender: la respuesta 32 los enumera uno a uno con sus varas, que suman 612 al año, y en cada vara interesan un real de vellón.
La respuesta 18 empieza diciendo que hay cuatro palomares, describe solo tres y acaba corrigiéndose: «que todos son solos tres, aunque anteriormente se dijo ser cuatro»; el de Juan Fernández rinde 212 reales frente a los 120 de los otros dos.
La taberna del pueblo es propia del concejo y le produce doscientos veinte reales cada año.
El abastecedor de vino por menor, Domingo del Pozo —que es también el alcalde pedáneo que comparece a declarar—, gana quinientos setenta y seis reales al año una vez deducida la renta que paga por esa facultad: la mayor utilidad personal de todo el pueblo.
El concejo cobra foros por su cuenta: diez reales de la propia iglesia por asistir a la función de Nuestra Señora de septiembre, otros diez de Antolino Merayo, y ocho cuartales de centeno y una cántara de vino de Juan Ferrero y Thoribio Torre.
El lugar declara noventa y ocho casas habitables y cincuenta y siete pajares para solo cuarenta vecinos, además de unos suelos de casas arruinadas que no cuenta.