Doscientos años antes del vuelo americano, siete vecinos de Igüeña se
sentaron delante de un juez y le explicaron dónde acababa su término, cómo se medía
la tierra y qué daba cada palmo de ella. No usaron ni una sola coordenada.
Este es el mapa que dibujaron con palabras.
Archivo General de Simancas · Respuestas Generales, libro 379,
folios 542r–565v
1. Los cuatro confines
El término no se define por su superficie, sino por
con quién linda. Cuatro pueblos, uno por rumbo, y dos medidas de bulto: media
legua de ancho, media de alto, dos leguas de vuelta. Nada más. Con eso bastaba para
saber hasta dónde se pagaba el diezmo.
Los nombres son los del documento. Colina de los Montes es hoy
Colinas del Campo de Martín Moro; Tremòr de arriva, Tremor de Arriba. Los
cuatro siguen siendo vecinos de Igüeña, y los cuatro rumbos que les asigna el
escribano son correctos.
El norte no estaba arriba
Al margen del folio 544r el escribano dibujó un óvalo con los cuatro rumbos, y lo
dejó girado: el Oriente arriba, el Norte a la izquierda, el Mediodía a la
derecha y el Poniente abajo.
No es un descuido. Durante siglos los mapas se orientaron hacia donde sale el sol
— de ahí viene la palabra orientar—, y en 1753 esa costumbre
todavía coleaba en el modo de imaginar el terreno.
2. La medida: el cuartal
A la pregunta novena responden algo desconcertante: que en Igüeña
nunca se ha medido nada. La cabida de una tierra es «lo que dicen hombres
prácticos e inteligentes que en ello tienen experiencia». Para poder sumar, el juez
les hizo medir un cuartal con una cuerda, y de ahí sale la única cifra exacta de
todo el documento.
Un cuartal son 906 metros cuadrados: once cuartales hacen una
hectárea. Ojo, porque la palabra sirve para dos cosas distintas: el cuartal de
superficie que ves aquí, y el cuartal de capacidad con que se mide el
grano y la linaza. En el documento aparecen los dos, y hay que mirar el contexto
para saber cuál es cuál.
3. Las siete especies de tierra
Toda la tierra del término cabe en siete clases, y cada clase se
subdivide en buena, mediana e ínfima. La clasificación no es caprichosa: sigue el
agua. Lo que la alcanza produce todos los años; lo que no, descansa uno de cada
dos; y lo de arriba no produce nada — salvo pasto.
Los prados de pasto, las dehesas y los matorrales son todos de ínfima
calidad por definición: no rinden fruto que se pueda diezmar. Pero el documento
añade una frase que vale por un tratado de derecho comunal: «toda su utilidad se
refunde entre los ganados de los vecinos de este pueblo».
4. Lo que rendía cada cuartal
Y aquí está el porqué de tanta clasificación. Juntando lo que
produce cada especie (pregunta 12) con lo que vale cada fruto (pregunta 14), sale
la renta anual de un cuartal de cada clase. Un cuartal de linar junto al río valía
casi ocho veces lo que el mismo cuartal de centenal en la ladera.
Cifras deducidas del propio documento, no tomadas de él: multiplicando
producción por precio. El centenal aparece a mitad porque «fructifica un año
y descansa otro». Del linar solo figura la calidad buena, porque para las otras dos
el documento da la cosecha en celemines y el precio en cuartales, y las dos unidades
no casan sin suponer una equivalencia.
5. Los diez molinos
La respuesta diecisiete es un pequeño callejero del agua: diez
molinos harineros, cada uno con el nombre que le daba la gente y con la familia a la
que pertenecía. Ninguno es de un solo dueño — todos son «y consortes», en común.
Y tres de esos nombres han sobrevivido: Armayor, Palombar y la
Vega siguen figurando hoy en el Catastro como parajes de Igüeña.
El orden es el del documento, no su posición real en el río: en 1753
nadie los situó sobre un plano. De los diez, tres nombres siguen vivos en la
toponimia de hoy: Armayor y Palombar son parajes de Igüeña, y la
Vega también. Los otros siete se han perdido.
6. El pueblo detrás de los números
Lo que las cuarenta respuestas dibujan, al final, es un retrato
de Igüeña en 1753.
Lo que había
Cuánto
Dónde lo dice
Vecinos y habitantes
90, incluidas 30 viudas y mozas solteras
preg. 21
Casas habitables
217
preg. 22
Pajares y corrales
98
preg. 22
Solares de casas arruinadas
14
preg. 22
Molinos harineros
10, de una rueda cada uno
preg. 17
Pies de colmenas
200, repartidos entre 20 dueños
preg. 19
Jornaleros
72
preg. 35
Artesanos
un herrero y dos sastres
preg. 33
Clérigos
2
preg. 38
Tabernas
1
preg. 29
Tejedores de lienzo para vender
unas 70 personas, muchas de ellas mujeres
preg. 32
Pobres de solemnidad
ninguno, «aunque algunos lo pasan con bastante estrechez»