Cómo se medía el término de Los Montes de la Ermita antes de que hubiera mapas
Doscientos años antes del vuelo americano, unos vecinos de Los Montes de la Ermita se sentaron delante de un juez y le explicaron dónde acababa su término, cómo se medía la tierra y qué daba cada palmo de ella. No usaron ni una sola coordenada. Este es el mapa que dibujaron con palabras.
Archivo General de Simancas · Respuestas Generales, libro 380, folios 197r–217v
1. Los confines
El término no se define por su superficie, sino por
con quién linda. Un pueblo por rumbo, y dos medidas de bulto. Con eso bastaba
para saber hasta dónde se pagaba el diezmo.
Los nombres son los del documento, con su grafía. El escribano dejó dibujada al margen la figura del término. Los rumbos son los que él asigna.
2. La medida de la tierra
A la pregunta novena responden algo desconcertante: que aquí nunca se ha medido nada con estadal, pasos ni varas. La tierra se cuenta por sembradura — lo que se siembra con un cuartal de simiente—, de modo que un cuartal de tierra buena ocupa menos terreno que uno de tierra ínfima, porque a la buena se le echa más semilla.
El cuadrado del dibujo es una convención: el documento niega expresamente que cuartal tenga superficie fija. Lo que sí es firme es la cadena de capacidades de la derecha, que el propio escribano enumera.
3. Las clases de tierra
Toda la tierra del término cabe en 10 clases, y las
principales se subdividen en buena, mediana e ínfima. La clasificación sigue el agua:
lo que la alcanza produce todos los años; lo que no, descansa uno de cada dos; y lo de
arriba no produce nada — salvo pasto.
Las clases y sus calidades son las del documento. El reparto en tres
alturas —el agua, la ladera y el monte— es nuestro: el escribano
las enumera seguidas, sin agruparlas.
4. Lo que rendía cada cuartal
Y aquí está el porqué de tanta clasificación. Juntando lo que
produce cada especie (pregunta 12) con lo que vale cada fruto (pregunta 14), sale la
renta anual de cada clase de tierra.
Cifras deducidas del propio documento, no tomadas de él:
multiplicando producción por precio. El centenal aparece a mitad porque «fructifica
un año y descansa otro». Donde el documento da la cosecha y el precio en unidades
que no casan, la barra falta.
5. Los molinos
La respuesta diecisiete es un pequeño callejero del agua:
5 molinos harineros, uno de ellos arruinado, cada uno con el nombre que le daba la gente y con la
familia a la que pertenecía.
El orden es el del documento, no su posición real en el río: en 1753 nadie
los situó sobre un plano. Los nombres de molino son, muchas veces, nombres de paraje
que todavía se pueden buscar en el catastro de hoy.
6. El pueblo detrás de los números
Lo que las cuarenta respuestas dibujan, al final, es un retrato de
Los Montes de la Ermita en 1753.
Lo que había
Cuánto
Dónde lo dice
Vecinos
29, incluidas las viudas
preg. 21
Casas habitables
28
preg. 22
Pajares
7
preg. 22
Casas arruinadas
0
preg. 22
Molinos harineros
4, corrientes, y 1 arruinado
preg. 17
Pies de colmenas
163, entre 8 dueños
preg. 19
Jornaleros
ninguno
preg. 35
Artesanos
ninguno
preg. 33
Clérigos
1
preg. 38
Tabernas
1
preg. 29
Pobres de solemnidad
ninguno
preg. 36
Cuartal de centeno
3 reales
preg. 14
Carro de hierba
14 reales
preg. 14
Jornal de un día
3 reales
preg. 35
Alcabalas
exento por privilegio real
preg. 28
Diezmo del centeno
13 cargas al año
preg. 16
Detalles que conviene saber
Los Montes no tiene parroquia propia: es anejo de la de Colinas, y su cura don Tomás Ramos asiste al acto y firma como testigo; el único clérigo del lugar es don Andrés de Robledo, teniente de cura.
La respuesta 19 declara 163 colmenas, pero los ocho dueños que enumera a continuación solo suman 160 vasos.
Dos vecinos concentran 110 de esas colmenas: Miguel Ramos con 60 y Fernando Crespo con 50.
Los veintinueve vecinos viven en veintiocho casas habitables, y el lugar tiene además siete terrados y siete casas pajares.
Los cuatro molinos harineros muelen una fanega diaria cada uno, con un producto de solo ocho maravedís al día, y hay un quinto arruinado, el Pontón de Abajo.
No pagan alcabalas ni servicio ordinario o extraordinario, por privilegios guardados en el archivo común de Colinas, Urdiales y Los Montes y confirmados por Fernando VI: solo 330 reales de sisas más 3 por tomar razón en la Contaduría.