Cómo se medía el término de Rodrigatos de las Regueras antes de que hubiera mapas
Doscientos años antes del vuelo americano, unos vecinos de Rodrigatos de las Regueras se sentaron delante de un juez y le explicaron dónde acababa su término, cómo se medía la tierra y qué daba cada palmo de ella. No usaron ni una sola coordenada. Este es el mapa que dibujaron con palabras.
Archivo General de Simancas · Respuestas Generales, libro 379, folios 566r–607r
1. Los confines
El término no se define por su superficie, sino por
con quién linda. Un pueblo por rumbo, y dos medidas de bulto. Con eso bastaba
para saber hasta dónde se pagaba el diezmo.
Los nombres son los del documento, con su grafía. El escribano dejó dibujada al margen la figura del término. Los rumbos son los que él asigna.
2. La medida de la tierra
A la pregunta novena responden algo desconcertante: que aquí nunca se ha medido nada con estadal, pasos ni varas. La tierra se cuenta por sembradura — lo que se siembra con un cuartal de simiente—, de modo que un cuartal de tierra buena ocupa menos terreno que uno de tierra ínfima, porque a la buena se le echa más semilla.
El cuadrado del dibujo es una convención: el documento niega expresamente que fanega de sembradura tenga superficie fija. Lo que sí es firme es la cadena de capacidades de la derecha, que el propio escribano enumera.
3. Las clases de tierra
Toda la tierra del término cabe en 14 clases, y las
principales se subdividen en buena, mediana e ínfima. La clasificación sigue el agua:
lo que la alcanza produce todos los años; lo que no, descansa uno de cada dos; y lo de
arriba no produce nada — salvo pasto.
Las clases y sus calidades son las del documento. El reparto en tres
alturas —el agua, la ladera y el monte— es nuestro: el escribano
las enumera seguidas, sin agruparlas.
4. Lo que rendía cada medida de tierra
Y aquí está el porqué de tanta clasificación. Juntando lo que
produce cada especie (pregunta 12) con lo que vale cada fruto (pregunta 14), sale la
renta anual de cada clase de tierra.
Cifras deducidas del propio documento, no tomadas de él:
multiplicando producción por precio. El centenal aparece a mitad porque «fructifica
un año y descansa otro». Donde el documento da la cosecha y el precio en unidades
que no casan, la barra falta.
5. Los molinos
La respuesta diecisiete es un pequeño callejero del agua:
5 molinos harineros, uno de ellos arruinado, cada uno con el nombre que le daba la gente y con la
familia a la que pertenecía.
El orden es el del documento, no su posición real en el río: en 1753 nadie
los situó sobre un plano. Los nombres de molino son, muchas veces, nombres de paraje
que todavía se pueden buscar en el catastro de hoy.
6. El pueblo detrás de los números
Lo que las cuarenta respuestas dibujan, al final, es un retrato de
Rodrigatos de las Regueras en 1751.
Lo que había
Cuánto
Dónde lo dice
Vecinos
24
preg. 21
Casas habitables
29
preg. 22
Pajares
28
preg. 22
Casas arruinadas
2
preg. 22
Molinos harineros
4, corrientes, y 1 arruinado
preg. 17
Pies de colmenas
15, entre 3 dueños
preg. 19
Jornaleros
ninguno
preg. 35
Tejedores de lienzo
10 personas
preg. 32
Clérigos
1
preg. 38
Tabernas
1
preg. 29
Pobres de solemnidad
1
preg. 36
Cuartal de centeno
3 reales
preg. 14
Carro de hierba
9 reales
preg. 14
Jornal de un día
2 reales
preg. 35
Alcabalas
297 reales al año
preg. 28
Diezmo del centeno
25 cargas al año
preg. 16
Detalles que conviene saber
Diez tejedoras de lienzos y estopas trabajan en el lugar, nombradas una a una con su utilidad: de los diez reales de Ana García a los ciento cincuenta de María Thoriuio, que suman quinientos cuarenta y cinco reales al año.
Alonso Campazas, procurador y el vecino más viejo de los declarantes, compra lino sin curar, llamado hilaza, en los mercados de La Bañeza, Benavides y Santa Marina del Rey, lo cura, devana y teje en su casa y lo vende en los mercados de Bembibre: trescientos reales al año.
La respuesta 4 distingue catorce especies de tierra, muchas más que ningún otro pueblo del valle, entre ellas los «rozos» de monte, que descansan hasta veinte o veinticuatro años y solo fructifican si antes se dejan poblar de escoba y maleza.
El expediente es el más antiguo de los diez, de 2 de octubre de 1751; la Contaduría principal de León le añadió el 5 de marzo de 1754 una regulación de esquilmos que el subdelegado había omitido, con arreglo a la orden de la Real Junta de 24 de marzo de 1752.
El común paga cada año a la justicia y regimiento de Bembibre, «por razón de foro» y sin saber sobre qué recae, dieciséis gallinas —o dieciséis perdices en su defecto— y ocho cabritos, sesenta y cuatro reales en total.
En todo el término solo hay quince pies de colmenas, repartidos entre tres vecinos, «por no ser tierra a propósito para ellas».