Cómo se medía el término de Urdiales de Colinas antes de que hubiera mapas
Doscientos años antes del vuelo americano, unos vecinos de Urdiales de Colinas se sentaron delante de un juez y le explicaron dónde acababa su término, cómo se medía la tierra y qué daba cada palmo de ella. No usaron ni una sola coordenada. Este es el mapa que dibujaron con palabras.
Archivo General de Simancas · Respuestas Generales, libro 380, folios 242r–262r
1. Los confines
El término no se define por su superficie, sino por
con quién linda. Un pueblo por rumbo, y dos medidas de bulto. Con eso bastaba
para saber hasta dónde se pagaba el diezmo.
Los nombres son los del documento, con su grafía. El escribano dejó dibujada al margen la figura del término. Los rumbos son los que él asigna.
2. La medida de la tierra
A la pregunta novena responden algo desconcertante: que aquí nunca se ha medido nada con estadal, pasos ni varas. La tierra se cuenta por sembradura — lo que se siembra con un cuartal de simiente—, de modo que un cuartal de tierra buena ocupa menos terreno que uno de tierra ínfima, porque a la buena se le echa más semilla.
El cuadrado del dibujo es una convención: el documento niega expresamente que cuartal tenga superficie fija. Lo que sí es firme es la cadena de capacidades de la derecha, que el propio escribano enumera.
3. Las clases de tierra
Toda la tierra del término cabe en 13 clases, y las
principales se subdividen en buena, mediana e ínfima. La clasificación sigue el agua:
lo que la alcanza produce todos los años; lo que no, descansa uno de cada dos; y lo de
arriba no produce nada — salvo pasto.
Las clases y sus calidades son las del documento. El reparto en tres
alturas —el agua, la ladera y el monte— es nuestro: el escribano
las enumera seguidas, sin agruparlas.
4. Lo que rendía cada cuartal
Y aquí está el porqué de tanta clasificación. Juntando lo que
produce cada especie (pregunta 12) con lo que vale cada fruto (pregunta 14), sale la
renta anual de cada clase de tierra.
Cifras deducidas del propio documento, no tomadas de él:
multiplicando producción por precio. El centenal aparece a mitad porque «fructifica
un año y descansa otro». Donde el documento da la cosecha y el precio en unidades
que no casan, la barra falta.
5. Los molinos
La respuesta diecisiete es un pequeño callejero del agua:
4 molinos harineros, uno de ellos arruinado, cada uno con el nombre que le daba la gente y con la
familia a la que pertenecía. Todos, o casi, en el pago de Marina Andrés.
El orden es el del documento, no su posición real en el río: en 1753 nadie
los situó sobre un plano. Los nombres de molino son, muchas veces, nombres de paraje
que todavía se pueden buscar en el catastro de hoy.
6. El pueblo detrás de los números
Lo que las cuarenta respuestas dibujan, al final, es un retrato de
Urdiales de Colinas en 1753.
Lo que había
Cuánto
Dónde lo dice
Vecinos
24, incluidas las viudas
preg. 21
Casas habitables
24
preg. 22
Pajares
12
preg. 22
Molinos harineros
3, corrientes, y 1 arruinado
preg. 17
Pies de colmenas
33, entre 4 dueños
preg. 19
Jornaleros
ninguno
preg. 35
Artesanos
ninguno
preg. 33
Clérigos
0
preg. 38
Tabernas
1
preg. 29
Pobres de solemnidad
ninguno
preg. 36
Cuartal de centeno
3 reales
preg. 14
Carro de hierba
14 reales
preg. 14
Jornal de un día
3 reales
preg. 35
Alcabalas
exento por privilegio real
preg. 28
Diezmo del centeno
9 cargas al año
preg. 16
Detalles que conviene saber
El señorío se paga en especie y a modo de regalo: 25 libras de manteca fresca y 20 perdices al año al recaudador del conde de Benavente en Bembibre, y por eso el lugar no paga alcabala.
Colinas, Los Montes y Urdiales guardan en un archivo común privilegios reales, revalidados por Fernando VI, que les eximen del derecho de ciento y del servicio ordinario y extraordinario: sólo pagan 171 reales de sisas más 3 de tomar razón en la contaduría, 174 en total.
El recuadro trazado a pluma en el margen del folio 244r para dibujar la figura del término quedó en blanco, pese a que la respuesta 3 remite a él («su figura es segun la que ba al margen»).
Los tres molinos harineros corrientes están todos en el pago de Marina Andrés, a cien pasos unos de otros, cubiertos de paja y de una sola rueda; muelen sin descanso con agua del río por presa, una fanega diaria cada uno, con una utilidad de 8 maravedís al día.
Un cuarto molino, el Timero, de una piedra y en el mismo pago, está arruinado; declaran que, de reformarse, molería y rendiría lo mismo que los otros tres.
El vecindario son 24 vecinos de casa abierta, con 24 casas habitables, 13 terrados y 12 pajares.