Cómo se medía el término de Colinas del Campo antes de que hubiera mapas
Doscientos años antes del vuelo americano, unos vecinos de Colinas del Campo se sentaron delante de un juez y le explicaron dónde acababa su término, cómo se medía la tierra y qué daba cada palmo de ella. No usaron ni una sola coordenada. Este es el mapa que dibujaron con palabras.
Archivo General de Simancas · Respuestas Generales, libro 380, folios 218r–241v
1. Los confines
El término no se define por su superficie, sino por
con quién linda. Un pueblo por rumbo, y dos medidas de bulto. Con eso bastaba
para saber hasta dónde se pagaba el diezmo.
Los nombres son los del documento, con su grafía. El escribano dejó dibujada al margen la figura del término. Los rumbos son los que él asigna.
2. La medida de la tierra
A la pregunta novena responden algo desconcertante: que aquí nunca se ha medido nada con estadal, pasos ni varas. La tierra se cuenta por sembradura — lo que se siembra con un cuartal de simiente—, de modo que un cuartal de tierra buena ocupa menos terreno que uno de tierra ínfima, porque a la buena se le echa más semilla.
El cuadrado del dibujo es una convención: el documento niega expresamente que cuartal tenga superficie fija. Lo que sí es firme es la cadena de capacidades de la derecha, que el propio escribano enumera.
3. Las clases de tierra
Toda la tierra del término cabe en 9 clases, y las
principales se subdividen en buena, mediana e ínfima. La clasificación sigue el agua:
lo que la alcanza produce todos los años; lo que no, descansa uno de cada dos; y lo de
arriba no produce nada — salvo pasto.
Las clases y sus calidades son las del documento. El reparto en tres
alturas —el agua, la ladera y el monte— es nuestro: el escribano
las enumera seguidas, sin agruparlas.
4. Lo que rendía cada cuartal
Y aquí está el porqué de tanta clasificación. Juntando lo que
produce cada especie (pregunta 12) con lo que vale cada fruto (pregunta 14), sale la
renta anual de cada clase de tierra.
Cifras deducidas del propio documento, no tomadas de él:
multiplicando producción por precio. El centenal aparece a mitad porque «fructifica
un año y descansa otro». Donde el documento da la cosecha y el precio en unidades
que no casan, la barra falta.
5. Los molinos
La respuesta diecisiete es un pequeño callejero del agua:
5 molinos harineros, cada uno con el nombre que le daba la gente y con la
familia a la que pertenecía.
El orden es el del documento, no su posición real en el río: en 1753 nadie
los situó sobre un plano. Los nombres de molino son, muchas veces, nombres de paraje
que todavía se pueden buscar en el catastro de hoy.
6. El pueblo detrás de los números
Lo que las cuarenta respuestas dibujan, al final, es un retrato de
Colinas del Campo en 1752.
Lo que había
Cuánto
Dónde lo dice
Vecinos
48, incluidas las viudas
preg. 21
Casas habitables
49
preg. 22
Pajares
19
preg. 22
Casas arruinadas
2
preg. 22
Molinos harineros
5, corrientes
preg. 17
Pies de colmenas
256, entre 21 dueños
preg. 19
Jornaleros
ninguno
preg. 35
Artesanos
ninguno
preg. 33
Clérigos
1
preg. 38
Tabernas
1
preg. 29
Pobres de solemnidad
ninguno
preg. 36
Cuartal de centeno
3 reales
preg. 14
Carro de hierba
14 reales
preg. 14
Jornal de un día
3 reales
preg. 35
Alcabalas
exento por privilegio real
preg. 28
Diezmo del centeno
22 cargas al año
preg. 16
Detalles que conviene saber
El cura párroco don Tomás Ramos posee 90 de los 256 vasos de colmenas del lugar, más de un tercio de toda la miel del pueblo; los 21 dueños que enumera la respuesta 19 suman exactamente 256.
Colinas no paga alcabalas, cientos ni servicio ordinario o extraordinario: alega un real privilegio de tiempo inmemorial confirmado por Fernando VI, y del común solo sale el derecho de sisa, 597 reales de vellón al año.
Al conde de Benavente le entregan cada año, con título de «regalo o foro», veinte perdices (u ochenta reales en su defecto), cuarenta libras de manteca fresca y trece reales en dinero, y declaran no saber por qué título pagan ni lo uno ni lo otro.
El diezmo de centeno se declara en 352 cuartales; a 16 cuartales la carga (4 fanegas de 4 cuartales) equivale a 22 cargas justas. La conversión es nuestra: el documento solo da la cifra en cuartales.
No hay ningún jornalero de oficio del campo en el pueblo: cuando se necesita se le paga a tres reales con comida y bebida, y esa misma utilidad se atribuye al labrador y a sus hijos mayores de dieciocho años, que hacen de criados.
Los cinco molinos harineros son todos de una sola rueda y están cubiertos de paja; cuatro se agrupan en el pago de la Trabiesa y muelen cuatro cuartales de pan centeno por cada día con su noche, trabajando unos trescientos días al año.