Cómo se medía el término de Pobladura de las Regueras antes de que hubiera mapas
Doscientos años antes del vuelo americano, unos vecinos de Pobladura de las Regueras se sentaron delante de un juez y le explicaron dónde acababa su término, cómo se medía la tierra y qué daba cada palmo de ella. No usaron ni una sola coordenada. Este es el mapa que dibujaron con palabras.
Archivo General de Simancas · Respuestas Generales, libro 380, folios 263r–293r
1. Los confines
El término no se define por su superficie, sino por
con quién linda. Un pueblo por rumbo, y dos medidas de bulto. Con eso bastaba
para saber hasta dónde se pagaba el diezmo.
Los nombres son los del documento, con su grafía. El escribano dejó dibujada al margen la figura del término. Los rumbos son los que él asigna.
2. La medida de la tierra
A la pregunta novena responden algo desconcertante: que aquí nunca se ha medido nada con estadal, pasos ni varas. La tierra se cuenta por sembradura — lo que se siembra con un cuartal de simiente—, de modo que un cuartal de tierra buena ocupa menos terreno que uno de tierra ínfima, porque a la buena se le echa más semilla.
El cuadrado del dibujo es una convención: el documento niega expresamente que cuartal tenga superficie fija. Lo que sí es firme es la cadena de capacidades de la derecha, que el propio escribano enumera.
3. Las clases de tierra
Toda la tierra del término cabe en 8 clases, y las
principales se subdividen en buena, mediana e ínfima. La clasificación sigue el agua:
lo que la alcanza produce todos los años; lo que no, descansa uno de cada dos; y lo de
arriba no produce nada — salvo pasto.
Las clases y sus calidades son las del documento. El reparto en tres
alturas —el agua, la ladera y el monte— es nuestro: el escribano
las enumera seguidas, sin agruparlas.
4. Lo que rendía cada cuartal
Y aquí está el porqué de tanta clasificación. Juntando lo que
produce cada especie (pregunta 12) con lo que vale cada fruto (pregunta 14), sale la
renta anual de cada clase de tierra.
Cifras deducidas del propio documento, no tomadas de él:
multiplicando producción por precio. El centenal aparece a mitad porque «fructifica
un año y descansa otro». Donde el documento da la cosecha y el precio en unidades
que no casan, la barra falta.
5. Los molinos
La respuesta diecisiete es un pequeño callejero del agua:
4 molinos harineros, cada uno con el nombre que le daba la gente y con la
familia a la que pertenecía. Todos, o casi, en el pago de el pago de Abajo.
El orden es el del documento, no su posición real en el río: en 1753 nadie
los situó sobre un plano. Los nombres de molino son, muchas veces, nombres de paraje
que todavía se pueden buscar en el catastro de hoy.
6. El pueblo detrás de los números
Lo que las cuarenta respuestas dibujan, al final, es un retrato de
Pobladura de las Regueras en 1752.
Lo que había
Cuánto
Dónde lo dice
Vecinos
41, incluidas las viudas
preg. 21
Casas habitables
36
preg. 22
Pajares
34
preg. 22
Casas arruinadas
4
preg. 22
Molinos harineros
4, corrientes
preg. 17
Pies de colmenas
60, entre 7 dueños
preg. 19
Jornaleros
2
preg. 35
Artesanos
ninguno
preg. 33
Clérigos
3
preg. 38
Tabernas
1
preg. 29
Pobres de solemnidad
5
preg. 36
Cuartal de centeno
3 reales
preg. 14
Carro de hierba
14 reales
preg. 14
Jornal de un día
3 reales
preg. 35
Alcabalas
346,06 reales al año
preg. 28
Diezmo del centeno
27 cargas al año
preg. 16
Detalles que conviene saber
El común paga cada año 16 reales y 17 maravedís de réditos por un censo redimible de cincuenta ducados de principal fundado a favor del Real Monasterio de Carracedo, orden de San Bernardo, hipotecado sobre bienes particulares de los vecinos por carecer el concejo de facultad real para cargarlo sobre sus montes, dehesas y campos.
La única pensión del común es cuidar y reparar una puente sobre el río que, por ser de madera aunque con dos cepas de piedra pizarra, «se cae toda con frecuencia» por la corriente de las aguas: 24 reales de vellón al año.
Hay tres palomares en el término —uno de don Martín del Pozo, presbítero, y los otros dos de Antonio Thorrero[?]—, pero no se les considera útil ni esquilmo alguno por no tener ganado ninguno de ellos.
Los cinco pobres de solemnidad se declaran con nombre y apellido: Ángela y Dominga Bernardo, Juan Thorivio, Santiago de la Peña y otro Juan Thorivio, el menor.
Don Martín del Pozo, presbítero, y sus hermanos poseen 34 de los 60 pies de colmenas del lugar, más de la mitad, entre siete dueños que suman exactamente los sesenta.
Los cuatro molinos, todos de una sola piedra y cubiertos de paja, muelen por presa cuatro cuartales cada día y noche durante trescientos días, reservando sesenta y seis para composturas, lo que a cuatro maravedís por cuartal da los 141 reales y 6 maravedís de útil anual que declara la respuesta 17.