Cómo se medía el término de Quintana de Fuseros antes de que hubiera mapas
Doscientos años antes del vuelo americano, unos vecinos de Quintana de Fuseros se sentaron delante de un juez y le explicaron dónde acababa su término, cómo se medía la tierra y qué daba cada palmo de ella. No usaron ni una sola coordenada. Este es el mapa que dibujaron con palabras.
Archivo General de Simancas · Respuestas Generales, libro 379, folios 356r–371v
1. Los confines
El término no se define por su superficie, sino por
con quién linda. Un pueblo por rumbo, y dos medidas de bulto. Con eso bastaba
para saber hasta dónde se pagaba el diezmo.
Los nombres son los del documento, con su grafía. El escribano dejó dibujada al margen la figura del término. Los rumbos son los que él asigna.
2. La medida de la tierra
A la pregunta novena responden con una cifra exacta: el cuartal de Quintana de Fuseros son 1.296 varas castellanas en cuadro. Es la única medida geométrica de todo el documento.
Un cuartal son unos 906 metros cuadrados. Ojo, porque la palabra sirve para dos cosas distintas: el cuartal de superficie que ves aquí y el cuartal de capacidad con que se mide el grano. En el documento aparecen los dos.
3. Las clases de tierra
Toda la tierra del término cabe en 8 clases, y las
principales se subdividen en buena, mediana e ínfima. La clasificación sigue el agua:
lo que la alcanza produce todos los años; lo que no, descansa uno de cada dos; y lo de
arriba no produce nada — salvo pasto.
Las clases y sus calidades son las del documento. El reparto en tres
alturas —el agua, la ladera y el monte— es nuestro: el escribano
las enumera seguidas, sin agruparlas.
4. Lo que rendía cada cuartal
Y aquí está el porqué de tanta clasificación. Juntando lo que
produce cada especie (pregunta 12) con lo que vale cada fruto (pregunta 14), sale la
renta anual de cada clase de tierra.
Cifras deducidas del propio documento, no tomadas de él:
multiplicando producción por precio. El centenal aparece a mitad porque «fructifica
un año y descansa otro». Donde el documento da la cosecha y el precio en unidades
que no casan, la barra falta.
5. Los molinos
La respuesta diecisiete es un pequeño callejero del agua:
6 molinos harineros, cada uno con el nombre que le daba la gente y con la
familia a la que pertenecía.
El orden es el del documento, no su posición real en el río: en 1753 nadie
los situó sobre un plano. Los nombres de molino son, muchas veces, nombres de paraje
que todavía se pueden buscar en el catastro de hoy.
6. El pueblo detrás de los números
Lo que las cuarenta respuestas dibujan, al final, es un retrato de
Quintana de Fuseros en 1753.
Lo que había
Cuánto
Dónde lo dice
Vecinos
76, incluidas las viudas
preg. 21
Casas habitables
157
preg. 22
Pajares
97
preg. 22
Molinos harineros
6, corrientes
preg. 17
Pies de colmenas
201, entre 16 dueños
preg. 19
Jornaleros
64
preg. 35
Artesanos
ninguno
preg. 33
Tejedores de lienzo
52 personas, 908 varas al año
preg. 32
Clérigos
2
preg. 38
Tabernas
1
preg. 29
Pobres de solemnidad
ninguno
preg. 36
Cuartal de centeno
3 reales
preg. 14
Carro de hierba
22 reales
preg. 14
Jornal de un día
4 reales
preg. 35
Alcabalas
900 reales al año
preg. 28
Diezmo del centeno
50 cargas al año
preg. 16
Detalles que conviene saber
El documento nunca llama al pueblo «de Fuseros»: siempre «el Lugar de Quintana», conocido por ese título «en esta Provincia del Vierzo».
El cura don Pedro Vidales García no asistió al acto pese a habérsele enviado «recado de atención», y eso que era el perceptor íntegro del diezmo, dueño del molino de Aragón y del segundo mayor colmenar del pueblo (20 vasos).
Miguel García declara cien varas de lienzo al año, más de tres veces las del siguiente vecino; el resto de los 52 tejedores se mueve entre 6 y 30 varas.
Francisco Álvarez concentra 60 de las 201 colmenas del término, casi un tercio del total; los 16 dueños declarados suman exactamente las 201 que dice la respuesta 19.
Los seis molinos son todos harineros de una sola rueda y a todos se les reguló la misma renta anual: 18 reales de vellón.
Al conde de Alba de Aliste se le paga un servicio particular en especie —cuatro perdices, un carro de leña y veintiuna varas de lienzo al año— además de los 900 reales de alcabalas.